Todos los días las redes y los medios de comunicación se inundan de la palabrería que desde palacio Nacional son enunciadas, se fija la agenda diaria y todo el país se mueve al compás que dicta el presidente, hemos caído en el juego disparando al monigote que tenemos enfrente como si él fuera el único responsable, es obvio que no es él solo; detrás hay toda una maquinaria que mueve los hilos de la llamada cuarta transformación, especialistas que fijan y coordinan tendencias…
Todos los días los medios y las personas en general nos someten a un bombardeo incesante de ideas y conceptos que buscan programarnos para creer o actuar de la misma forma, para seguir el ideal del colectivo, para agrandar la masa y hacerla ver mas fuerte, imponente de tal forma que resulte avasallante para quienes no compartan esa misma idea.
La vida no es justa, solemos decir con desazón cuando las cosas no ocurren como quisiéramos que ocurrieran.
y es cierto, la realidad no es justa, puesto que la justicia como tal es un concepto totalmente humano, sujeto de la conveniencia que cada quien pueda tener en la materialización de un evento en particular; mientras que para los cercanos a una víctima de homicidio la pena capital es justo castigo al criminal, para los cercanos del criminal este acto puede resultar totalmente injusto. Luego entonces la realidad como tal no puede ser justa para todos pues entraría en contradicciones con los diversos intereses humanos.
La realidad es lógica, la realidad no es mas que el resultado de todas las potencialidades, son todas las probabilidades materializándose en ese evento que percibimos, pero nuestro deseo de tener una razón mas allá de lo natural, una explicación para lo inexplicable nos hace atribuirle valores como el de justicia o injusticia a lo que nos ocurre, pensamos que la realidad o vida es capaz de desarrollar motivaciones positivas o negativas y que estas influyen en nuestro vivir.
Si a la realidad le quitamos esa carga de ética entonces podemos aceptar y entender que las cosas ocurren porque se dieron todas las condiciones para que estas se presentaran, mas allá de lo doloroso o milagroso que pudiera parecer.
Hoy quiero escribir un poco sobre política e ideas, sobre eso que a los latinos nos apasiona y nos divide, nos enardece y al mismo tiempo nos roba el sueño y la ilusión, nuestra naturaleza apasionada y desbordada, nuestro candor y energía es matizada por todo ese fervor que corre a raudales por nuestras venas, nos hace únicos en el festejo, celebramos los goles y las victorias como nadie, gritamos desaforadamente en los conciertos; al mismo tiempo lloramos cono nadie y guardamos lutos y tradiciones religiosamente.
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