Terrenales infiernos

En nuestra mente habita la imagen del infierno como un espantoso y horroroso lugar, cuyos residentes son además del misterioso y malvado satanás, miles de demonios y millones de pecadoras almas que constantemente son atormentadas con los más indecibles métodos de tortura, todo ello en penitencia por haber cursado depravadas vidas, alejadas de todo lo bueno, todo lo correcto, por no haber abrazado nunca alguna de tantas propuestas de camino hacia el cielo.

Pero el infierno que uno imagina en una dimensión solo alcanzable allende la vida y el espacio está más cerca de lo que imaginamos, a menudo camina entre nosotros a veces nos habla, a veces se sienta a nuestra mesa, a veces está justo en el lugar a que llamamos casa, y es que nadie más que los que están dentro pueden ver y oír lo que ahí ocurre; los sueños resquebrajados, las ilusiones empolvadas y roídas por el olvido y la frustración son la paja perfecta para que a la menor chispa, el infierno haga ignición y esas llamas no se apagan fácilmente.

«Los peores infiernos no están hechos de diablos y demonios

sino de personas incapaces de escapar la una de la otra»

isaí joachím

Una a una se caen las esperanzas, uno a uno se rompen los propósitos y de los rostros radiantes quedan solo lánguidas expresiones, oscuras sombras que deambulan la una junto a la otra sin entender el por qué de su existencia, el por qué de su aborrecida cercanía, pero las fuerzas faltan, el valor inexistente hace imposible romper con las invisibles ataduras, con el lastre que día a día alcanza nuevas profundidades.

Tantos infiernos como personas hay, permanecen ahí agazapados esperando el comburente, la chispa inicial y entonces comerse al huésped desde el interior. Detrás de muchas puertas existen infiernos que no alcanzamos a ver, algunos son compartidos otros de uno solo, pero ahí están.

Isaí Joachím

Deja un comentario